MANENIMA

MIGUEL HILARIO: “YO COMENCÉ PREDICANDO A LOS PLÁTANOS”

Para algunos, el corte del cordón umbilical es la primera experiencia traumática. En el caso de Miguel Hilario, el corte se quedó corto. Su madre dio a luz mientras navegaba en el río Tamaya (Ucayali) y el cordón fue rebanado con dos palos. Ha vivido veinte años en EE.UU., tiene un doctorado en Stanford y su voz es la de un gringo de clase de español avanzado. Hoy quiere ser presidente del Perú. Una muestra de que el sueño no solo es americano.

Usted estudió en Stanford y a Alejandro Toledo se le comenzó a conocer por los “tamales de Harvard”. ¿Qué lo diferencia de él?

Nuestras vidas aparentemente son paralelas, pero hay diferencias abismales. Primero, yo soy amazónico, hablo mi idioma shipibo-conibo correctamente y él es un peruano andino, que, por diferentes razones, perdió su idioma materno: el quechua. Por eso se considera cholo. Yo no me considero cholo, sino un indígena shipibo-conibo, orgulloso de ser peruano.

Pero un cholo también es peruano, ¿no?

Pero hay varias implicancias. El cholo es criollamente entendido como una persona que tiene una mezcla en términos lingüísticos, culturales y de etnicidad.

¿Y usted es un peruano más puro?

No, no. Yo soy shipibo-conibo puro. El Partido Pluralista del Perú celebra las diferencias culturales entre la costa, sierra y selva, y busca un diálogo intercultural para un desarrollo con justicia.

Le pregunté por sus diferencias con Toledo y usted me ha hablado del origen étnico de ambos. ¿Esa es la diferencia abismal?

No, no. Hay diferencias ideológicas, pues Perú Posible se considera un partido pragmático sin mucha ideología, y yo creo que un partido debe tener filosofía e ideología. Esa es otra diferencia abismal. Hay diferencias también en el plano educativo. Él como presidente no incrementó el presupuesto de la educación. Para nosotros, el desarrollo del Perú está supeditado a invertir más en educación.

Usted se ha llamado el “candidato oportunidad”, pero también ha dicho que es el “candidato de cero probabilidad”. ¿Con cuál nos quedamos?

(Ríe) No es con qué nos quedamos. ¡Ambos! Yo nací en una canoa, mientras mis padres viajaban por el río. Y mi cordón umbilical no fue cortado con cuchillo ni tijera, sino con dos palos. Mi papá se convirtió en un MacGyver amazónico. Mi cordón se infectó y gracias a unos misioneros americanos mi vida se salvó. Sin esos misioneros, yo tal vez no estaría hoy hablando contigo. Desde que nací comencé a luchar en contra del cero probabilidad.

Si su vida comenzó de abajo, ¿por qué en política no ha querido comenzar también de abajo? ¿Por qué de frente a la Presidencia?

Hay cosas tan grandes a nivel macro que solamente se tienen que solucionar con programas macro. Yo decidí lanzarme a la Presidencia en 1998 en (la Universidad de) Oxford. Todos mis pasos han sido con esa visión. No soy un candidato improvisado. Conozco la pobreza y he salido de ella. Ser alcalde o congresista no me permitiría, por ejemplo, aumentar el presupuesto de educación de 2.8% a 6%.

Cuénteme un poco de su nacimiento y la escena en el río.

Era abril de 1970, mis padres viajaban por el río Tamaya y de repente mi mamá comenzó a tener dolores de parto. Y no había una isla donde atracar, pues el agua había crecido. Nací, cortaron mi cordón con dos palos y al cabo de unas horas se infectó. Una misionera americana tenía una ampolla antiinfección y esa ampolla me salvó la vida.

Su padre era profesor, mientras que su madre era artesana de cerámicas.

Así es. Recuerdo que había escasez de papeles y lapiceros. Entonces, para practicar la escritura y las matemáticas, nos íbamos a la playa (de río) y escribíamos ‘a, b, c’ sobre la arena. ¿Sabes cómo jugábamos? Sacábamos jugo de algunos árboles, se convertía en goma y nos íbamos al arrozal en la playa. Llevábamos un par de ramas, las poníamos con la goma, venían los pájaros a comer el arroz y se quedaban pegados. Ese era nuestro juguete: atrapar pájaros con las gomas.

¿Y a qué más jugaban?

A ver quién cazaba más culebras. Con nuestras flechas íbamos al monte. El cazar y el pescar no solo tienen una función de supervivencia sino también cultural. Los buenos cazadores y pescadores son mejores vistos por los padres de una chica para casarse porque el matrimonio es arreglado. Ahora se ha diluido un poco la tradición, pero el matrimonio estaba supeditado a la destreza del hombre.

Mientras mejor cazador eras…

Más posibilidades tenías de casarte. Si no eras buen pescador ni buen cazador te quedabas solo. Ahora ya sabes por qué me salí de la comunidad (ríe).

¿Nunca se enamoró de alguna chica de la comunidad?

Yo salí de la comunidad a los 11 años, así que no estaba muy interesado en eso. Pero cuando ya estaba en Estados Unidos, los padres de una chica de la comunidad les pidieron a mis padres que yo me casara con ella. Yo tenía 21 años, pero no pasó nada porque ya estaba comprometido con alguien allá.

Ahora entiendo eso del ‘choque de civilizaciones’.

(Ríe) Así es, así es, pero otra cosa importante es que la nuestra es una sociedad matriarcal y matrilocal.

Explíqueme eso.

Por ejemplo, tú eres limeño y te casas con una chica de Tarapoto. Entonces tú estás obligado a vivir en Tarapoto y en la casa de tus suegros. Un chico debe vivir en la comunidad de los padres de la chica. Eso responde a un factor económico porque el joven ayudará a dar de comer a la familia. El matrimonio es una ganancia económica para la familia.

Usted quiso ser predicador evangélico. ¿Qué pasó?

Yo estudié teología por tres años cuando vine a Lima y prediqué en diferentes iglesias. Recuerdo que allá, en mi comunidad, mi mamá me enviaba a cortar la maleza en la chacra. Llevaba mi flauta, mi machete y la Biblia de mi mamá. Cortaba la maleza, tocaba mi flauta y luego comenzaba a predicar a los plátanos.

¿A los plátanos?

¡Para practicar! Predicaba para que los plátanos se arrepintieran de sus pecados (ríe). Pero fue un entrenamiento para lo que hago hoy, pues un predicador tiene su audiencia y tiene su mensaje. La política es lo mismo.

Al venir a Lima usted tuvo que alimentarse de la comida que sobraba de un restaurante.

Sí. Vine a Lima con mi tío y ya había veinte shipibos tratando de estudiar también. Todos vivíamos entre Plaza Dos de Mayo y Plaza Unión. En un huequito había un cuartito de dos pisos y ahí estábamos como 25 ó 30. Estábamos pegaditos, era como un cuartel militar. Dormíamos en cartones, pues la plata que había traído de Pucallpa se terminó.

¿Y qué pasó?

Por ahí había un restaurante y la señora María, después de cerrar, botaba comida. Ya lo sabíamos y todos los shipibos sobrevivíamos así. Hasta que toqué la puerta de unos misioneros y fueron los americanos quienes me dieron trabajo como limpiador de sus carros, de sus casas y ahí comenzó a mejorar mi vida.

Usted viaja a Estados Unidos, y tocaba zampoña y quena en una base misionera.

Pero más tocaba en San Francisco. Me junté con peruanos, ecuatorianos y chilenos en un grupo llamado Marcahuasi y tocábamos en las calles de San Francisco. Cuando llegué a Estados Unidos comencé cocinando hamburguesas. No tenía auto, así que debía manejar bicicleta dos horas de ida y dos de vuelta para llegar a mi trabajo, en Bodega Bay. Y los fines de semana, me iba a tocar música porque tenía una familia que alimentar.

A propósito de la familia. ¿Cómo conoció a su esposa? ¿Cómo fue ese choque de civilizaciones?

(Ríe) Como en toda sociedad, hubo una atracción física. La conocí en Texas, donde yo estudiaba inglés y teología. Y ella trabajaba allá como profesora de educación inicial. Era una misión internacional que se llamaba ‘Juventud’. Yo tenía apenas 20 años.

¿Qué los unió?

El amor a la cultura y a los idiomas porque ella habla francés aparte del inglés. Y obviamente la atracción física. Nos casamos dos años después, pero ahora estoy divorciado. Tengo una hija Vanessa, de 17 años, y Olivia, de 7. Ellas están con su mamá en Wisconsin, a donde viajo cada mes y medio. Acabo de regresar allá porque era el cumpleaños de una de mis hijas.

¿Y qué es lo más difícil de entrar en política?

Nada en la vida es fácil. Todo tiene un precio. El precio más grande que estoy pagando es el no ver a mis hijas diariamente. La semana pasada, Olivia me dijo: “Quiero que me recojas en mi colegio, tal como hacen otros padres. ¿Por qué no eres un padre normal?”. La verdad, eso te duele.

Música favorita

1. Arpay
2. Los Kjarkas
3. Petra
4. Pat Metheny (jazz)
5. The Latin Brothers

Peruanos admirables

1. Zoila Escobar (su mamá)
2. Fernando Belaúnde
3. Mario Vargas Llosa
4. Humberto Lay
5. Marco Arana

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