MUELLE MALABRIGO

FAMILIA LARCO HERRERA

FRASE DE RELOJ-CASAGRANDE

CAMPOS DE CASAGRANDE

Casa Grande y el proceso de industrialización del Valle de Chicama

Cañaverales de Casa Grande, Centurión 1924

Como ya hemos mencionado, la anteriormente denominada Hacienda Oyague fue propiedad de Domingo José de Oyague desde 1750 durante la época colonial; luego dichas tierras pasan a las familias trujillanas Bracamonte y Pinillos, quienes en 1830 fundan Casa Grande.

Luis Albrecht, súbdito bávaro procedente de México, llega a Perú en 1855 y se instala en Trujillo; fue un pionero en la industrialización de la caña de azúcar en el valle de Chicama y establece el primer ingenio azucarero en la hacienda Facalá, la cual adquiere en 1862. Para 1865 adquiere Sausal y para 1871, Casa Grande, dando inicio a un proceso de acumulación de tierras que llegaría a ser masivo durante las primeras décadas del siglo XX, en la llamada República Aristocrática (1).

Existen muchas aseveraciones al respecto de la personalidad de Luis Albrecht, por un lado están las referencias hechas tanto en literatura nacional como en historiografía chilena sobre su conducta intachable durante la guerra del Pacífico y su mediación para evitar el saqueo de Trujillo y las haciendas del valle de Chicama, así como la protección que brindó en sus haciendas a muchedumbres de peruanos atemorizados por la expedición de Linch (2,3); por otro lado existen documentos que aseguran el maltrato y torturas a chinos coolíes trabajadores en sus haciendas, concretamente el caso del trabajador asiático Lanquen en la hacienda Jagüey durante una inspección realizada en 1877 da cuenta de ello, siendo liberado de su contrato e indemnizado con 40 soles (4); así como también el lema que Albrecht había colocado en el reloj de la hacienda “Tace, ora et labora” (“Guarda silencio, reza y trabaja) se ha entendido como una especie de invectiva subliminal a la explotación asalariada.

“Tace, ora et labora”

Incluso Raimondi se permitió realizar un comentario sobre Luis Albrecht durante su viaje efectuado en 1868, donde describe su paso por la hacienda Facalá y la manera como Albrecht había hecho “surgir como por encanto esta hacienda del estado de decadencia en que se hallaba”, la introducción de maquinaria industrial a vapor y los cultivos varios que desarrollaba (azúcar, arroz, algodón) (5). Lo más probable es que Albrecht haya tratado a los coolíes como solían tratarlos en el Perú del siglo XIX, explotación asalariada y enganches velados, es importante también recordar que durante dicha época imperaban las teorías del darwinismo social y de la “inferioridad” de ciertas “razas” sobre otras (teorías que como ya señalé en anterior post, durante el siglo XX llevaron a los peores desastres bélicos sufridos por la humanidad).

Lo cierto es que luego de la guerra del Pacífico la economía de Casa Grande se hallaba en estado crítico, de tal modo que para 1888 Luis Albrecht decide vender sus propiedades a un compatriota de Bremen, Juan Gildemeister. Los antecedentes de Gildemeister ya han sido tocados en un post previo, sin embargo cabe señalar que Gildemeister antes de Casa Grande se dedicaba al negocio del salitre en Iquique, adquiriendo entre 1870 y 1872 las oficinas Hanza, Argentina y San Pedro, a las que en 1874 agregó San Juan. Inclusive, para mejorar el método de producción, trajo químicos de Alemania; un ingeniero en minas de larga experiencia en la Pampa, y fue pionero en los métodos de transporte del caliche (6).

Esto no le impidió fundar a mediados del siglo XIX una empresa de importaciones y exportaciones en Lima, la Casa Gildemeister & Cía. ubicada en la Calle de San Pedro, en sociedad con sus primos Matías y Enrique Gildemeister Förster, ambos residentes en Prusia (7). Al igual que Albrecht, luego de la guerra tuvo que liquidar sus negocios con los nitratos y adquiere Casa Grande, ya para ese entonces una importante empresa industrializada en el negocio azucarero y funda en 1889 la Sociedad Agrícola Casa Grande Ltda. que posee para dicho año el equivalente a 270 000 libras esterlinas como capital (8).

Es importante señalar en este punto la dinámica de las haciendas azucareras en el valle de Chicama. Como ya hemos referido, los antiguos dueños coloniales y posteriormente republicanos, dadas las características de su modo de operación (trapiches tirados por bueyes, escaso uso de fertilizantes, industrialización nula) se vieron en la necesidad de traspasar sus propiedades a personas que contaban con visión capitalista acorde a los tiempos republicanos. Es así que los hermanos Larco, naturales de Cerdeña, a mediados del siglo XIX adquieren lo que con el tiempo vino a ser la hacienda Roma y luego de la guerra del Pacífico la Casa Grace adquiere Cartavio; siendo estas tres empresas las de mayor importancia en el valle de Chicama. La rivalidad entre las haciendas Roma y Casa Grande era notoria, en parte debido a las supuestas “excentricidades” de Víctor Larco quien “ordenaba tocar los acordes de La Marsellesa a una banda local en los límites de sus terrenos con Casa Grande” (recordemos que para dichas fechas la beligerancia entre Francia y Alemania era enorme).

Víctor Larco Herrera y familia

Y aquí también viene a colación la teoría de Klaren, coincidente con la de Mariátegui según las tres empresas azucareras eran controladas por “capitales extranjeros” (Italia, Alemania y EEUU). Sin embargo Bill Albert al respecto señala que esta tesis sería poco mas que un mito en lo tocante a las haciendas más grandes como Roma y Casa Grande, puesto que los Larco que llevaban el negocio hacía mucho que se habían asimilado al Perú y el mismo Víctor Larco era nacido en Lima, junto con sus hermanos y tenían propiedades en Perú y sus capitales los invertían en el Perú, de igual modo cuando fallece Juan Gildemeister en 1898 asume la dirección de Casa Grande un sobrino suyo, Enrique Gildemeister quien era nacido en Iquique! (en la época que pertenecía al Perú) y a su vez sus familiares eran todos nacidos en Perú e invertían el capital obtenido en el Perú, de tal modo que el hecho de denominar por lo menos a estas dos empresas como “empresas extranjeras” no pasa de ser una interpretación errónea de la realidad, cuando no un prejuicio (9-11).

Muelle de Malabrigo, con vía férrea, Centurión 1924

Con la adquisición de Juan Gildemeister, Casa Grande creció de manera abrumadora, incorporándose los anexos de Lache, Jaquez, Sauzal y Viscaino, luego con la adquisición de las haciendas Gasñape y Molino se cambió la razón social de la firma a “Sociedad Agrícola Casa Grande Limitada”, que a su vez pocos años más tarde y después de la adquisición de los fundos nuevos de “Santa Clara”, “Licapa”, “Verucin” en calidad de arrendamiento y Pampas, Cañal y Chicamita en la de propiedad es sustituida por la denominación de “Casa Grande Zucker Plantagen A. G. Bremen” conocida también con el nombre de Empresa Agrícola Chicama Ltda. (todo este proceso realizado por Enrique Gildemeister, durante la primera década del siglo XX) (12), el cual reseñaremos en un futuro post.
EDUARDO SALAZAR.

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