ANSEL

febrero 16, 2015
ANSELMOROMERO

ANSELMOROMERO

La trata de seres humanos con fines de explotación laboral

enero 15, 2015

La trata de seres humanos, que durante siglos se configuró como una práctica legítima y socialmente aceptada, constituye en la actualidad una de las actividades ilícitas más lucrativas, junto con el tráfico de drogas y de armas. Ciertamente, la abolición oficial de la trata de esclavos no ha sido óbice para que, en pleno siglo XXI, el comercio de seres humanos siga desarrollándose al margen de la legalidad en prácticamente todos los rincones del planeta. En concreto, según las estimaciones de la ONU, este delito afecta a más de 2,4 millones de personas, por lo que su erradicación se ha convertido en uno de los principales desafíos para la Comunidad Internacional.

A grandes rasgos, la trata de seres humanos implica la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a medios coercitivos, fraudulentos o abusivos, con fines de explotación. Es decir, esta práctica conforma un proceso multifacético cuyo fin último es la explotación de la persona, y en función de tal finalidad se distinguen tres modalidades básicas, a saber: la trata para la explotación laboral, la trata con fines de explotación sexual, y la trata para la extracción de órganos corporales. Hasta ahora, la forma que más interés ha suscitado es la que persigue la explotación sexual de la víctima y que afecta, por lo general, a mujeres y menores de edad. Sin eludir su extrema gravedad, es imprescindible visibilizar también las demás formas de trata de personas, entre las cuales cabe destacar, en especial, la que tiene por finalidad la explotación laboral de la víctima. Precisamente, según la Organización Internacional para las Migraciones, la explotación laboral es a día de hoy la principal causa que promueve la trata de seres humanos.

Sin embargo, la expresión «trata con fines de explotación laboral» no aparece recogida en la normativa internacional, ni en la europea, ni tampoco en la española. En su defecto, las disposiciones se limitan a enumerar (pero sin definir) una serie de términos como posibles fines laborales de la trata, esto es, «los trabajos o servicios forzados», «la esclavitud y las prácticas similares a la esclavitud», «la servidumbre», «la mendicidad» y «la explotación para realizar actividades delictivas».

Pues bien, algunos de estos conceptos, que resultan alejados a la realidad actual de Occidente, aunque tristemente se mantengan en países en vías de desarrollo, se encuentran definidos en la normativa internacional y se refieren, en términos generales, a la imposición de trabajos o servicios, de carácter legal o ilegal, bajo la total disponibilidad de otra persona.

Pero si nos ceñimos a Occidente, y, en concreto, a nuestro entorno más cercano, observaremos que conviene definir con exactitud el concepto de «explotación laboral», precisamente porque a través del mismo cabe la posibilidad de sacar del limbo jurídico a multitud de personas. En ese sentido, como punto de partida, conviene recordar que el Código Penal tipifica los delitos contra los derechos de los trabajadores. Concretamente, son dignos de mención los artículos 311 y 312.2, segundo inciso, aunque la coherencia entre ambos ha empeorado, sobre todo, tras la Ley Orgánica 7/2012, y la técnica jurídica empleada no sea la deseable, porque se mezclan las situaciones de españoles y extranjeros en situación administrativa irregular, hay incoherencias terminológicas y reiteraciones innecesarias, y para sancionar a los empleadores se «miden» las vulneraciones de los derechos laborales en función del número de personas afectadas, según éstas sean, al menos, el 25%, el 50% o el total, respectivamente, en las empresas o centros de trabajo que ocupen más de 100, entre 10 y 100, y entre 5 y 10 trabajadores. Con lo cual, cuando el número de afectados se encuentre por debajo de dichos porcentajes aflora la incertidumbre, la inseguridad jurídica y la indefensión.

En cualquier caso, sí parece claro que bien se trate de españoles, bien de personas en situación administrativa irregular, la «explotación laboral» se identifica en ambos preceptos con la ocupación de personas en «condiciones laborales o de Seguridad Social que perjudiquen, supriman o restrinjan los derechos que tengan reconocidos por disposiciones legales, convenios colectivos o contrato individual». Aunque en el caso de los españoles se exija la utilización de engaño o abuso de situación de necesidad y en el caso de los extranjeros irregulares no se exija ese elemento instrumental, por encontrarse en una situación de mayor vulnerabilidad.

Las situaciones de explotación laboral, con o sin trata, pueden darse en cualquier sector, pero destacan el primer sector, el trabajo doméstico, la construcción y la hostelería. En Euskadi, el caso más reciente data del pasado mes de marzo, cuando se desarticuló un grupo dedicado a la explotación laboral de pakistaníes en la hostelería, también subsumible en el tipo del delito de trata.

F. Javier Arrieta Idiakez (profesor de Derecho del Trabajo) y Josune López Rodríguez (Doctoranda en Derecho). Universidad de Deusto.

julio 16, 2013

julio 16, 2013

PP

diciembre 1, 2012

Yo soy quien soy

noviembre 2, 2012

Yo soy quien soy
Quien no quiere ser en la vida lo que quiere, quien no ha deseado imponer sus caprichos ante la babeada que tienen nuestros padres hacia nosotros, pues bien, lo que les voy a contar es aquellas cosas que uno no quiere hacer pero que a veces por más que no quieras lo haces, en algunas ocasiones sin más remedio que decir ¡lo siento papa! Bueno, era el primer día de clases, mi papa al igual que casi todos los padres, estaba nervioso de dejarme en manos de gente extraña, desconfiaba de todos, más aun en un lugar un poco distante de casa, pero claro, mi padre exageraba casi siempre, el no aceptaba que su bebe tenía que estudiar y que debía dejarlo para de esa manera pueda empezar a ser parte de esta nueva vida.
Mi papa, me adora, me mima, hasta hoy lo hace, y yo a veces me aprovecho de ello, ocasionándole muchos dilemas, pues le pido helados y chocolates, golosinas que el médico me ha prohibido, y pienso que en exceso deberían prohibírselos a todos, pero ahí estábamos, comiendo otras cosas pero a fin de cuentas golosinas, siempre me salía con mi gusto, hasta ahora. En algunas ocasiones me preguntaba qué hubiese pasado si mi papa no se preocupara tanto por mí, y lo digo porque en el nido no todo fue color de rosa, tenía unas profesoras que más que profesoras parecían carceleras, el trata hacia nosotros los niños era de prepotencia y dictadura, el algunas ocasiones se terminaba con la agresión física, claro, cuando nuestros padres iban a la escuela ante nuestras quejas , ellas, las profesoras nunca aceptaban su culpa y el asunto terminaba peor para los niños , pues los mismos padres golpeaban a sus hijos por supuestamente mentir y hacerles quedar mal ante la profesora, pero claro, en mi caso fue distinto, mi padre siempre confiaba en mí , siempre, nunca dudaba de lo que yo le decía , era paciente, pues él no quería que para nada ninguna profesora me castigara físicamente, por nada del mundo; siempre me inculcaba sobre mis derechos como niño, hasta me decía que si algún día el intentara castigarme, pues que yo haga valer mis derechos así sea mi padre.
A fin de cuentas mi paso por el nido fue tan rápido que apenas lo he sentido, mis recuerdos de ello no son malos ni buenos, pues lo poco que recuerdo lo estoy contando.
Mi paso por la educación primaria fue casi lo mismo de mi paso por el nido, las mismas observaciones , la misma displicencia de los profesores a enseñar anteponiendo el grito y el castigo físico, los padres en la mayoría de los casos se hacían de la vista gorda , parecía que quisieran o se alegraban que castigaran a sus hijos, en mi caso no fue así, mi padre siempre estaba atento a todo lo que fuera conmigo, mi comportamiento, mis amigos, mis golosinas, y claro siempre atento a que profesor o profesora me instruía.
Algunos profesores nos veían como sus enemigos , algo así como que nosotros tuviésemos la culpa que ellos estén como estén, sentía que nos culpaban de todas sus desgracias y que nosotros los alumnos éramos los que habíamos ocasionado ello, en algunas ocasiones nos trataban con odio en otras fingían buen carácter ante la presencia cómplice de los señores inspectores de las UGELs; pero una vez que ellos se iban empezaba el festín de nuevo, gritos , insultos, ataques sicológicos, en algunas ocasiones éramos burros, en otras bestias, o tal vez éramos de otro planeta ósea marcianos, pues nunca entendíamos sus clases, según y tal como los profesores nos vociferaban con grande ira desaforada. En mi caso las cosas no fueron tan rudas, pues mi papa siempre estaba pendiente ante cualquier alarma de maltrato sicológico o físico de parte de aquellos encargados de darnos educación para el mañana, que irónico verdad.
Vale decir que mi educación primaria fue tan pasajera y efímera como la educación en mi nido, de eso, lo poco que recuerdo es las comelonas de los profesores en los días de fiesta de la escuela, el día del onomástico del director, el día del profesor o los cumples de todos los profesores que a fin de cuentas se festejaban en el centro de estudios, caray, el baile y la cerveza fluía, pero parece a nadie le importaba esos hechos, y hasta hoy casi nada a cambiado.
Ahora estoy en la secundaria y las cosas no parecen ser diferentes, sigo esperando tener clases reales, profesores reales, no los encuentro, estoy ya en el segundo de secundaria y aun no tengo clases de verdad, tampoco tengo profesores o maestros , solo atino a ver asalariados que fungen de profesores, pues no les importa la educación, puesto que no hacen nada, mucho menos se preocupan por sus alumnos , nos han abandonado , nos dejan a la deriva , nos dejan expuestos ante la jauría de bestias que existen dentro de estos centros estatales, a los cuales han llegado debido al aburrimiento de algunos padres de tenerlos en casa , es así, que los que queremos estudiar no solo no encontramos profesores sino más bien cómplices del desorden y caos, que estos jóvenes desadaptados imponen como norma y regla dentro de los centros educativos públicos y que hasta hoy sigue haciendo mella en los alumnos que si quieren estudiar, pero que se encuentran secuestrados y completamente desprotegidos por sus autoridades ya sea locales, regionales y estatales, las leyes están, pero parece que nadie quiere implantarla, a ese paso terminare la secundaria en un colegio nacional sometido a reglamentos alienados de una sociedad corrupta, galopante y asistida por los más reaccionarios del sistema en el cual vivimos, es así que la única esperanza que nos alumbra a los que realmente queremos ser parte del futuro de nuestro país, es que la buena mano de nuestros padres, siempre esté cerca de nosotros, porque ante el menor descuido esta jauría escolar y docente simplemente nos destruirá al igual que a nuestro futuro.
Ya es tarde, tengo que descansar, me levantare temprano e iré a estudiar al centro nacional secundario y espero que el día de hoy sea más corto que los demás días y que los días se acorten mas al igual que las semanas, al igual que los meses y los años, para de esa manera salir ya, de este episodio llamado educación pública escolar al cual me veo forzado a asistir pues el destino llamado sistema me ha obligado a ir.
REMZA.02/11/12
1:37 am.

SI PERU

junio 6, 2012

http://www.congresodelarepublicadelperu.tv

mayo 7, 2012

Afiliaciones obligatorias e indebidas a las AFP fueron un gran negociado del fujimontesinismo.

diciembre 6, 2011

Afiliaciones indebidas a las AFP fueron un gran negociado del fujimontesinismo.

de Ansel Romero, el Sábado, 7 de mayo de 2011, 16:57
.
Sáb, 07/05/2011 – 11:47

Como ministro de Economía Carlos Boloña promovió la creación de las Administradoras de Pensiones y luego pasó a presidir Horizonte.

Era el año 93 cuando Alejandro La Jara –entonces de 47 años, 23 de ellos laborando en la empresa Castelano– recibió la visita de una representante de una AFP, quien le informó de las bondades del Sistema Privado de Pensiones (SPP) y la inminente quiebra del Sistema Nacional de Pensiones (SNP).

“Sin pensarlo mucho y con la esperanza de recibir una pensión mejor me afilié a la AFP. Hoy me arrepiento de aquella decisión, pues estoy a punto de cumplir 65 años y no puedo jubilarme porque mis aportaciones al SPP son insuficientes”, señala La Jara.

Pedro Córdova es otro trabajador que a inicios de los 90 se afilió a una AFP, pero a diferencia de La Jara a él no le dieron la opción de elegir sino que simplemente lo obligaron a trasladarse al SPP, pues de lo contrario sería despedido.

“En setiembre cumpliré 65 años y pese a haber trabajado durante 40 años, la ONP no me reconoce los 25 años que aporté al SNP. En la AFP me han dicho que sin el bono de reconocimiento recibiré una pensión de S/.100 hasta agotar mi fondo”, expresa con desolación.

Alejandro y Pedro son parte de los miles de trabajadores peruanos perjudicados por una reforma que implementó la dictadura fujimorista y en la cual –una vez más– no primó el interés de la nación.

El lobby de Boloña

En 1992, Carlos Boloña Behr, entonces ministro de Economía y Finanzas, fue pieza clave en la Ley de Creación del Sistema Privado de Administración de Fondos de Pensiones (25897). Actuó incluso en contra de capitales peruanos, pues promovió una ley que prohibió a los bancos nacionales participar en la constitución y administración de las AFP.

Luego de promulgar la legislación de las AFP, Boloña pasó a presidir el directorio de AFP Horizonte. Quedó en evidencia entonces que las desmedidas ventajas que se les había otorgado a las AFPs no eran gratuitas.

Por la desafiliación

Fueron los primeros jubilados de las AFP –que durante su vida laboral tuvieron ingresos mínimos– quienes descubrieron el engaño al cobrar pensiones ínfimas y menores en comparación con las que recibían sus compañeros que se mantuvieron en el SNP. Peor aún, muchos fueron informados recién que su pensión se acabaría cuando su fondo expirara. La renta vitalicia y pensión mínima son medidas que se implementarían luego.

Derecho a desafiliarse

En el 2000, por ejemplo, la Asociación Departamental de Azucareros de Lambayeque denunció que las AFP daban pensiones de S/. 300, S/. 400 y S/. 500 nuevos a sus afiliados, cuando la ONP otorgaba S/. 800 a S/. 1500 mensuales. Por ello, exigieron el derecho a desafiliarse del Sistema Privado de Pensiones. Sin embargo, no fue hasta el 2007 que se aprobó la ley de libre desafiliación a las AFP.

La norma, no obstante, establecía varios requisitos, lo que fue entendido por los afiliados inconforme como trabas. Incluso en mayo del 2009, el Tribunal Constitucional aprobó incorporar como causal suficiente para la libre desafiliación la información “indebida o insuficiente” que brindaron estas entidades durante el proceso de afiliación.

Silvia Belling, presidenta de la Asociación Nacional de Libre Desafiliación de las AFP, señala que al salir la ley de libre desafiliación se presentaron unas 200 mil solicitudes, pero que hasta la fecha solo 70 mil han podido retornar al SNP.

Reclamos ante la Defensoría del Pueblo

1.- Karim Nieto, coordinadora del Área de Derechos Laborales y Previsionales de la Defensoría del Pueblo, refiere que la mayoría de personas que buscan desafiliarse de las AFP alegan que no fueron infor-madas correctamente del SPP, que los soprendieron, que les falsificaron sus firmas para afiliarlos, que en el SNP tendrán una pensión vitalicia, así como gratificaciones, entre otras razones.

2] Lupo Gallardo, de la Asociación Asociación Nacional de Libre Desafiliación de las AFP, recomienda informarse bien antes de optar por el SPP. Advierte que en el 2008 por la crisis económica, las AFP perdieron S/. 16 mil millones de y que ahora por la caída de la bolsa de Japón la pérdida bordea los S/. 4 mil 500 millones. “Los únicos que pierden son los afiliados, pues las AFP siguen cobrando la misma comisión(…); además el gobierno toma dinero de las AFP vía los bonos soberanos”, señaló.

3]Por su parte, Yonhy Lescano, quien promovió en el Congreso la Ley de Libre Desafiliación, sostiene que los únicos favorecidos con la creación del SPP fueron las empresas privadas, así como los funcionarios del régimen fujimorista que hicieron lobby para aprobar este sistema. “Es un sistema débil e inhumano en el cual solo corre riesgo el afiliado, a quien no se le asegura una pensión digna. No hay el principio de solidaridad y no sé hasta qué punto el Estado debía responder pues se prometió que este sistema iba a ser mejor”, subrayó.

Por Rocío Maldonado

JORGE SECADA KOECHLIN-IV.

diciembre 6, 2011

de Ansel Romero, el Martes, 17 de mayo de 2011, 14:13

El primer paso camino al desarrollo, ahora que sabemos cómo acumular capital y hacer crecer el PBI (cosa que nadie discute, ni siquiera izquierdistas como Humala o Alan García), es respetar nuestras instituciones y nuestra democracia. No contribuimos al desarrollo si por “realistas” terminamos pervirtiendo las instituciones mismas que definen nuestra civilidad. Y eso es lo que hacemos cuando, por un lado, consideramos que el próximo gobierno lo debe formar el mismo movimiento que nos maltrató tanto; y, por otro, suponemos que si Humala sale elegido, cambiará la Constitución y se quedará en Palacio eternamente.

Quien confunda desarrollo con acumulación de capital podrá pensar que no importa la historia negra del fujimorismo. Son nuestros miedos y nuestra falta de autoestima los que nos permiten creer que las instituciones y las leyes no cuentan para nada. No es que Humala sea un candidato ideal, ni mucho menos. Es razonable temer un gobierno suyo. Pero no es comparable a cualquier candidato fujimorista. Las acusaciones por violaciones de derechos humanos son solamente eso, acusaciones. También hay los pronunciamientos aberrantes de una persona que ha cambiado mucho en el curso de los últimos 10 años, y que ha ido cambiando fuera de las presiones y conveniencias electorales. Nada ni remotamente parecido al historial judicialmente comprobado del “fujimorismo” puede imputársele a Humala.

El temor razonable que genera es por su falta de preparación para el cargo. Pero la elección tiene un solo candidato política y democráticamente aceptable. Es, además, alentador que Humala esté buscando subsanar sus carencias con la colaboración de personas de capacidad reconocida. Vemos a la persona y lo que vemos es la indignación que naturalmente produce nuestra sociedad injusta y nuestra historia de corrupción en alguien que ha ido reconociendo las complejidades del buen ejercicio del poder.

Uno de los aspectos más reveladores de la campaña contra Humala es que cuente en su contra ser militar, cuando esto debería más bien ser un punto a su favor. Fueron soldados como él quienes salieron a dar la cara contra la subversión terrorista. Nuestro ejército y nuestra policía pagó con vidas la defensa de nuestros derechos. Indudablemente merecen nuestro agradecimiento. Sin embargo, escuchamos decir Fujimori derrotó a Sendero, mientras al mismo tiempo se ataca a quien cumplió con su deber en las primeras líneas de esa lucha, arriesgando su vida para que podamos todos pensar libremente. Nuevamente, ¿no somos capaces de querernos lo suficiente, como peruanos, como para reconocer con orgullo y sin matices ni siquiera lo inobjetablemente positivo de nuestras instituciones?

Democracia no es solamente elecciones y libertad. Es también la apertura universal y equitativa de la vida política.

En nuestro país tan poco democrático, tan fraccionado, las elecciones son de los pocos momentos en los que todos nos reunimos a deliberar en conjunto. Nosotros que habitamos espacios anónimos informados por la desigualdad, nosotros que no somos iguales ni frente al mostrador de una tienda, que escuchamos decir sin desparpajo que la voluntad del pobre no cuenta, deberíamos valorar nuestras elecciones obligatorias, un acto en el cual todos los peruanos tenemos el mismo poder y del cual depende el futuro del país. Consideramos un deber participar de las elecciones; al menos en esa medida representamos en nuestras leyes la integración que nos falta en el resto de nuestra vida política. La legislación que obliga a votar a los sectores menos educados del país no es causa de nuestro subdesarrollo y de la pobreza de nuestra vida política. ¡Como si pudiésemos achacarle a los analfabetos y pobres la miseria de nuestros políticos y la ceguera y mediocridad de nuestras clases dirigentes!

Mucho del miedo que se expresa en el rechazo a Humala tiene su origen en la culpa que naturalmente produce vivir en un país donde hay más de diez millones de personas que apenas si pueden subsistir, mientras unos pocos pueden darse una vida plena. El nuestro es un país difícil. De Las Casas hablaba del oro de las Indias para referirse tanto a lo que alentaba la rapiña de los conquistadores como a la oportunidad que brindaba el nuevo mundo para quien buscaba desplegar el amor incondicional del verdadero cristiano. Nosotros somos nuestro oro, el oro del Perú. El reto que nos imponen nuestro pasado y nuestro presente es enorme. Pero ahí mismo, en nuestro capital humano, en la riqueza de nuestra identidad, y en la fortaleza que tendremos si logramos resolver nuestros problemas, está nuestro futuro. Es alentador que las nuevas generaciones busquen comprometerse políticamente. Ojalá no tengan que andar una vez más el tortuoso camino de nuestra historia.

Cuando amanezca el 6 de junio, ¿habremos avanzado en la construcción de un mejor país? Lo que el Perú necesita ahora es integración y amor propio, genuino, aquel que se muestra en el aprecio a nuestra identidad común, a la hermandad de todos los peruanos. Nuestra historia política reciente es un rosario de basura por un lado y de oportunidades perdidas por el otro. Los países no son empresas, y no los podemos dejar atrás como dejamos un empleo. Nos identifican; determinan lo que somos. Quienes olvidan estos aspectos de la vida política en nombre de la modernidad y el modelo económico, de una sociedad de autómatas productivos, expresan así las taras que desgraciadamente llevamos encima. ¿Podremos los peruanos, esta vez y cuando pareciera más difícil que nunca, sacarle ventaja a las circunstancias en aras de un Perú mejor? ¿O tendremos más bien que aceptar una vez más que estamos dispuestos a tolerar lo intolerable siempre y cuando podamos retirarnos a nuestros espacios privados, nos dejen trabajar, y sigamos creciendo económicamente?